Washington, DC: El 26 de marzo de 2021 el
Directorio Ejecutivo del Fondo Monetario Internacional (FMI) analizó un
estudio preparado por el personal técnico del FMI sobre la evolución
económica reciente y las perspectivas en los países de bajo ingreso. En
respuesta a las solicitudes formuladas por el Comité Monetario y Financiero
Internacional (CMFI), el órgano ministerial que orienta las políticas del
FMI, y el Grupo de los Veinte, el documento aborda la estimación de las
necesidades de financiamiento en el período 2021–25 y las opciones para el
financiamiento sostenible de estas necesidades. El FMI estima que en
adelante los países de bajo ingreso necesitarán movilizar alrededor de USD
200.000 millones de aquí a 2025 para intensificar su respuesta a la
pandemia, y otros USD 250.000 para acelerar la convergencia del ingreso con
las economías avanzadas. El informe define los países de bajo ingreso como
aquellos habilitados para recibir líneas de crédito en el marco del Fondo
Fiduciario para el Crecimiento y la Lucha contra la Pobreza (FFCLP) (69
países de África, Asia y América Latina).
Los países de bajo ingreso se han visto significativamente afectados por la
pandemia de COVID-19 y la subsiguiente crisis sanitaria y económica. Al
entrar en este período ya tenían margen limitado para la aplicación de
políticas. Por consiguiente, el crecimiento anual del PIB real disminuyó
drásticamente en 2020 hasta situarse en 0,3% (tras haber sido superior al
5% en los tres años anteriores).
Todo apunta a que en el futuro la pandemia tendrá consecuencias duraderas
para los países de bajo ingreso: aumentarán los niveles de deuda y la
desigualdad y la pobreza dentro de los países, y se retrasará la
convergencia del ingreso con las economías avanzadas. Además, los países de
bajo ingreso tendrán que abordar retos preexistentes, como la adaptación al
cambio climático, y aprovechar nuevas oportunidades, como la
digitalización.
El informe se centra en lo que este contexto tan complicado supone para las
necesidades de financiamiento de los países de bajo ingreso, y muestra que,
más allá de las necesidades incluidas en las proyecciones de Perspectivas de la economía mundial, estos países requerirían
otros USD 200.000 millones entre 2021 y 2025 para redoblar su respuesta a
la COVID-19 y constituir reservas financieras adecuadas. Para acelerar la
convergencia con las economías avanzadas, se necesitarían USD 250.000
millones adicionales. Un escenario a la baja con una recuperación mundial
más lenta podría sumar otros USD 100.000 millones a estas necesidades de
financiamiento.
Para atender estas necesidades adicionales debe adoptarse un enfoque
multidimensional. Será esencial que los países de bajo ingreso implementen
reformas internas —en especial relacionadas con la gestión de gobierno de
las instituciones económicas—, incrementen los ingresos y mejoren la
eficiencia del gasto. Al mismo tiempo, la comunidad internacional debe
reforzar las ayudas financieras; por ejemplo, mediante donaciones y
préstamos concesionarios de donantes bilaterales e instituciones
multilaterales. Además, existe un amplio margen para dar mayor protagonismo
al financiamiento procedente del sector privado, especialmente en
financiamiento de infraestructura por parte de inversionistas extranjeros.
Evaluación del Directorio Ejecutivo
[1]
Los directores ejecutivos acogieron con satisfacción el análisis sobre la
evolución macroeconómica, las necesidades de financiamiento y las opciones
de financiamiento sostenible para los países de bajo ingreso, y
reconocieron los fuerte estragos infligidos por la pandemia en estos
países, con repercusiones significativas para la economía y la salud. Esto
se ha debido en parte a una falta de espacio fiscal, elevados niveles de
deuda, acceso limitado al financiamiento y el margen escaso para el apoyo
mediante políticas monetarias. Con este telón de fondo, los directores
concordaron en líneas generales con la evaluación y las medidas de política
que los países de bajo ingreso deben adoptar, así como con la necesidad de
prestarles apoyo internacional para ayudarles en su labor. Los directores
asimismo que no se han de perder de vista las vulnerabilidades que afectan
otros países.
Los directores consideraron alentadores las actuales iniciativas
internacionales de asistencia a los países de bajo ingreso, entre las
cuales destacan el financiamiento de emergencia del FMI, el apoyo del Banco
Mundial y otros bancos multilaterales de desarrollo, y la Iniciativa de
Suspensión del Servicio de la Deuda y el Marco Común impulsados por el
G-20. Estos esfuerzos han aliviado temporalmente las restricciones de
financiamiento en muchos países de bajo ingreso.
No obstante, los directores señalaron que estos países enfrentan unas
perspectivas económicas inciertas, con el riesgo de que las nuevas olas y
variantes del virus provoquen nuevos confinamientos, y que estos riesgos a
la baja probablemente persistirán hasta que las vacunas ofrezcan inmunidad
de rebaño. Asimismo, reconocieron que los países de bajo ingreso afrontan
la recuperación desde una situación de desventaja debido al acceso desigual
a las vacunas, el limitado margen de maniobra para la aplicación de
políticas y las vulnerabilidades preexistentes.
En este sentido, los directores acogieron las estimaciones de las
necesidades de financiamiento de los países de bajo ingreso. En
general, se mostraron de acuerdo con la evaluación según la cual se
necesitarán unos USD 200.000 millones para reforzar la respuesta de
gasto frente a la COVID y reconstituir o mantener las reservas
externas. Se requerirían USD 250.000 millones adicionales en gasto de
inversión para acelerar la convergencia con las economías avanzadas. De
materializarse los riesgos identificados en un escenario adverso, se
necesitarían otros USD 100.000 millones. Los directores subrayaron que,
si bien los supuestos subyacentes estaban sujetos a incertidumbre, las
pruebas de sensibilidad ofrecen seguridad de que las estimaciones son
una aproximación razonable de las necesidades de financiamiento
adicional de los países de bajo ingreso con respecto al escenario de
base. Al mismo tiempo, los directores hicieron mucho hincapié en la
necesidad de implementar enérgicamente las políticas. Consideraron
alentador que, con el financiamiento adecuado y la implementación
contundente de las políticas, los países de bajo ingreso podrían
retornar a la trayectoria de convergencia con las economías avanzadas
observada antes de la COVID entre 2023 y 2025.
Los directores recalcaron que para cubrir las necesidades de
financiamiento adicionales se necesitaría un enfoque multidimensional,
en el que se conjuguen sólidas reformas internas, un aumento del
financiamiento por parte de la comunidad internacional, la
reestructuración de la deuda cuando resulte necesario y el
aprovechamiento del financiamiento procedente del sector privado. Un
aspecto importante de estos esfuerzos consistiría en resolver
cuestiones relativas a gestión de gobierno, capacidad institucional y
otros obstáculos estructurales, valiéndose del asesoramiento en materia
de políticas y el fortalecimiento de capacidades ofrecidos por el FMI y
otros socios en el desarrollo.
[1]
Al concluir las deliberaciones, la Directora Gerente, como
Presidenta del Directorio, resume las opiniones de los directores
ejecutivos, y el resumen se comunica a las autoridades del país. En
el siguiente enlace consta una explicación de las expresiones
utilizadas en las exposiciones sumarias:
https://www.imf.org/external/spanish/np/sec/misc/qualifierss.htm
.